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sábado, enero 21, 2012

Gobierno, mapuches y medios: preguntas que merecen respuestas

Si hay algo complicado con lo que llamamos el ciclo de 24 horas, y que se refiere a la obligación de actualizar la información en el minuto que los hechos suceden, es el nulo margen de maniobra para verificar datos. La noticia sobre quiénes estaban detrás de los incendios en el sur de Chile puede ser un buen ejemplo de cómo se enreda una historia cuando nadie tiene tiempo de reportearla con calma.  Es tal la cantidad de información —chequeada y no chequeada— que fluye en los medios, que es fácil confundir lo que es relevante y aquello que, muy por el contrario, es solo propaganda, declaraciones histéricas y análisis equivocados.


Por esta razón, intentamos tomar la hebra que llevó al Gobierno a sospechar de la Coordinadora Arauco Malleco, CAM, haciéndose eco, al menos públicamente, de un comunicado que se difundió en algunos medios escritos y online y que atribuía actos de violencia a personas mapuches.

El día 3 de enero el sitio soychile.cl, específicamente el de Temuco y que pertenece a  la red del diario Austral, publicó un comunicado, firmado por  un grupo que se denomina “Órganos de Resistencia Ancestral Mapuche de la CAM”. Esta es la primera vez que aparece en un medio de comunicación una señal de la posible responsabilidad de la Coordinadora Arauco Malleco en la quema de un helicóptero en Victoria. Cinco días más tarde, un Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu, con sede en Suecia, reproduce el mismo comunicado, atribuyendo la fuente al diario El Mercurio.  Es probable, entonces, que el Gobierno tomara de estas declaraciones (salvo que tenga otras fuentes extra periodísticas que se lo complementen) la certeza de que la CAM estaba detrás del atentado al helicóptero. La pregunta que nadie se hizo es si ese comunicado era verídico. Y, de acuerdo a nuestra investigación, hay muchas dudas de que lo sea.

El tema no es menor, sobre todo hoy que el diario La Tercera ha sido apuntado como un medio que falta a la verdad al difundir una conversación con el  líder de la CAM, preso en Malleco, Héctor Llaitul, que supuestamente el diario no tenía autorización a publicar. Lo que molestó a Llaitul no fue que se filtrara el diálogo en el cual también estuvo presente un periodista de la agencia France Presse. Su enojo estuvo con el quinto párrafo de la crónica y que dice:  “Una cosa es que nos hallamos atribuido una quema de un helicóptero (el 30 de diciembre), pero no por eso nos van a poner como los culpables de un acto criminal. Nada tenemos que ver con Carahue, menos con Quillón, porque está fuera de nuestra línea de acción”, dice (Llaitul).

Podría ser que Llaitul no estaba enterado de que había un comunicado que atribuía a la CAM la quema del helicóptero, cuestión que a algunos les cuesta creer. Y no sabemos si cuando supuestamente dijo: “una cosa es que nos hallamos atribuido una quema de un helicóptero”, lo hacía a título de ejemplo genérico y no porque estaba avalando el hecho.

Le preguntamos vía email a Jorge Calbucura, coordinador del Centro de Documentación Mapuche Ñuke Mapu, de dónde había salido el citado comunicado que se atribuía a la CAM y cómo chequeaban ellos que se tratara de una fuente fidedigna. Su respuesta, el día 17 de enero, fue la siguiente: “Como no disponemos de agencias de noticias tipo UPI o similares, tenemos que confiarnos de nuestro sentido común y el factor determinante es la fuente física del origen de la noticia; es decir persona, organización o circunstancias en que se origina el comunicado o noticia. En fin, son varios los criterios a utilizar para determinar la veracidad de la noticia o comunicado. Por sobre todo este procedimiento es parte de un descernimiento subjetivo”.

Más adelante precisa que: “En forma activa se confabula la posibilidad de infiltración y eventual contrabando de comunicados o noticias falsas o falsificadas. Podemos decir que en el 99% logramos detectar los intentos de infiltración de comunicados falsos. Es una práctica que en nuestra contra practican desde hace muchos años los servicios de inteligencia chilenos”.

Por último, Calbucura expresa en el mail que: “En este caso si proviene de alguien de confianza, naturalmente que es un antecedente de garantía. En este caso fue así; y seguramente esa fue la idea de los estrategas de la guerra informática de los servicios de inteligencia chilenos. Es así que el 1% de margen de error se hizo realidad”. Al pedirle que precisara la fuente que él estimaba “de confianza”, el coordinador del Centro de documentación sueco, escribió: “El nivel de confiabilidad lo decidimos sobre la base de quien es el remitente de nuestros comunicados. En este caso el mencionado comunicado fue reenviado desde correo de nuestra fuente de confianza. Ese nombre no te lo puedo dar. Lo que te adjunto es la dirección y fecha de origen del mensaje original, que es el siguiente; organosderesistenciamapuchec@gmail.com”.

Siguiendo la pista escribimos al correo mencionado. Hasta la hora presente no hemos tenido respuesta.

Lo que sí sabemos es que la CAM, al menos aquella que Llaitul como dirigente representa, negó toda participación en los hechos que relata el famoso comunicado. El día 17 de enero lo desmienten.

Hasta ahora hay muchas preguntas sin respuesta y, por cierto, aún es tiempo de formularlas.

Por ejemplo al Gobierno: ¿ustedes tenían información que atribuía actos de violencia a la CAM además del comunicado firmado por los “órganos de resistencia mapuche”? ¿Cuáles? ¿Por qué el ministro Chadwick cita ese comunicado? ¿Cómo chequean la veracidad de aquéllos?

A la CAM, y específicamente a Héctor Llaitul: ¿usted conocía ese comunicado cuando el periodista del diario La Tercera conversa con usted en la cárcel? Si la CAM “actúa” sólo en territorios determinados, y usted niega su participación en Carahue, ¿qué otros grupos sí se “mueven” allí?

Y a los medios: ¿por qué hay tanto desconocimiento sobre cómo se organizan las distintas facciones mapuches? ¿No es hora ya de especializar a un par de periodistas en un tema que de por sí es relevante para el país?

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